Entonces llegó el momento emocionante: las superficies de colores se cubrieron con pintura acrílica negra, un paso atrevido, ya que las zonas pintadas con cariño anteriormente desaparecían bajo la capa oscura. Pero ahí estaba la magia: después de secarse, los niños pudieron dibujar líneas, dibujos y figuras en la superficie negra con un rascador, ¡y de repente los colores ocultos brillaron desde debajo!
Rascar se convirtió en una experiencia: asombro, alegría, sorpresa... un poco de magia. Los niños se entusiasmaron, rieron, experimentaron y desarrollaron sus propias ideas. Sacar los colores de la oscuridad también tiene algo de simbólico: es como hacer visible algo que antes estaba oculto. Y lo mejor de todo es que los niños no sólo se divirtieron, sino que también se sintieron orgullosos. Porque crearon algo que, de otro modo, sólo conocían como un producto acabado, y todo con sus propias manos. El entusiasmo fue tan grande que la secuela está garantizada". - Sarah Uessem
Muchas gracias, querida Sarah.
Klaudia Skodnik y el equipo de ayudas de Fortuna











