„Se utilizaron tablas de madera como base, que primero se pintaron de colores. Mientras se secaba la pintura, los niños practicaban con martillos y clavos. Todos podían probar con la tabla de prueba. Entre todos se elaboraron las „reglas del martillo“: movimientos pequeños y precisos, consideración por la persona sentada al lado y, por supuesto, ¡cuidado con los dedos! Luego se hizo ruido: Martillar clavos a lo largo de la plantilla: no fue tan fácil hasta que todos estuvieron bien sentados. Lo especial: El motivo sólo se hizo realmente visible cuando se envolvió en lana de colores. 
El resultado fueron unos fantásticos cuadros de hilo, cada uno de ellos una pequeña obra de arte. Trabajar con herramientas y materiales fomenta la concentración, la coordinación y la confianza en el propio poder creativo. Los dibujos de clavos permiten a los niños utilizar una herramienta tradicional en un contexto creativo: una combinación de arte y artesanía. Y, de paso, se crean momentos de paz, orgullo y conexión. Especialmente valioso: el tiempo que pasan juntos con mamá o papá. 
Crear algo juntos, intercambiar ideas, reír, ayudar... no sólo refuerza el vínculo familiar, sino que crea recuerdos que perduran. Para muchos, fue un pequeño descanso de la vida cotidiana y una pausa consciente. El corazón y las manos se implicaron por igual y se reservó un lugar en casa para cada obra de arte durante el curso“.“
- Sarah Uessem
Muchas gracias, queridos Sarah y Karl. 











