Cuando el aseo se convierte en una prueba de valor, nuestros caballos se trasladan a sus cuarteles de invierno.
Para muchos niños, esto significa algo más que acicalar: Asumen responsabilidades, se muestran atentos y a veces tienen que mostrar valentía cuando las tijeras están permitidas en la larga cola o el caballo se pone inquieto. Aquí es precisamente donde entra en juego el poder de la terapia asistida por animales: la confianza, la autoeficacia y la auténtica cooperación se crean a través de la acción conjunta. 
Al final, todos los niños recibieron una foto de recuerdo, „como Heidi en la tele“.“ 







