Para la decoración se disponía de velas y láminas de cera decorativa, lo que requería cierta destreza: la cera y la vela no debían estar ni demasiado calientes ni demasiado frías. Quien quisiera, también podía hacer su propia vela con láminas de cera de abeja. La decoración de velas tenía un efecto relajante y equilibrante: fomentaba la tranquilidad, reforzaba la atención por los pequeños detalles y daba rienda suelta a la creatividad.
La experiencia sensorial y táctil al trabajar con la cera —sentir la superficie suave, moldearla y presionarla, adaptarla suavemente a la vela— sumergió a los participantes por completo en la actividad. Pero más importante que la técnica fue la creatividad compartida. Todos los participantes, tanto los que tenían mucha experiencia como los que participaban por primera vez, conectaron rápidamente, se ayudaron mutuamente y aportaron nuevas ideas.
Así se creó un ambiente animado en el que no solo se decoraron velas, sino que también hubo lugar para conversaciones interesantes. Se compartieron preocupaciones cotidianas, se hablaron recuerdos de la época posterior a la inundación, pero también se rió mucho juntos. La convivencia creativa hizo un bien palpable a todos.
Las horas pasaron volando y dejaron la sensación de haber creado juntos algo bonito: velas que dan luz y calor, y momentos que unen.“
- Sarah Uessem
Muchas gracias, querida Sarah. 


