Esta vez, las cosas se pusieron realmente experimentales en el Begegnungscafé Ahrweiler: nos pusimos a pintar al azar con pintura acrílica muy diluida. 
„Las pinturas acrílicas, por lo demás bastante empastadas, se licuaron con agua hasta tal punto que casi se comportaron como acuarelas. Inclinando suavemente el lienzo o guiando la pintura con las manos, se creaban transiciones fluidas, delicados bordes de color y sorprendentes degradados. Este método de trabajo presentaba dos pequeños retos: en primer lugar, las capas de pintura necesitaban tiempo para secarse -aquí nos ayudó un secador de pelo- y, en segundo lugar, este método requiere una cierta dosis de valentía, porque conscientemente pierdes un poco el control y confías en el proceso.
Esto es exactamente lo que ocurrió poco a poco: Los participantes eran cada vez más libres, se atrevían a dejar correr la pintura, trabajaban con las manos y disfrutaban visiblemente de lo que hacían: „Me encanta hacer barro“ o „Esto es muy divertido“ fueron algunas de las respuestas espontáneas. 
Para mí era especialmente importante que todos pudieran experimentar lo beneficioso que es desprenderse de las expectativas y dedicarse simplemente a su propia experiencia. Esta forma de trabajar elimina la presión de tener que crear algo „perfecto“. En su lugar, crea espacio para la experimentación lúdica y la relajación, para un suspiro interior de alivio. Muchos se dieron cuenta de lo liberador que puede ser cuando no es la cabeza la que dirige, sino el material, el movimiento y el momento. El resultado fueron obras muy diferentes, vivas y expresivas, cada una una pequeña sorpresa en sí misma. Hay que repetirlo“.“
- Sarah Uessem
Muchas gracias, querida Sarah. 


